Edificio del Congreso Nacional de Chile

Vivo en Valparaíso, Chile, ciudad declarada “Patrimonio de la Humanidad” por la Unesco en el año 2003, y sede del Poder Legislativo de mi país en el año 1987.

A partir de estas declaraciones, es que deseo realizar mi reflexión en torno a cierto concepto entregado por el curso Arte y Espacio Público de U. Abierta de la U. de Chile.

Quiero plantear la idea y utilización del espacio público, en este caso, el de un conjunto arquitectónico (la sede del Congreso Nacional, ubicado en Av. Argentina esquina de Av. Pedro Montt, dos arterias emblemáticas de la ciudad),como una expresión de la participación e integración ciudadana de nuestra sociedad, pero el cual, desde su génesis, surge como una intervención y un desprecio a la historia oculta de un lugar identatario para la ciudad, toda vez que destruye un icono de encuentro e imaginario del ciudadano de Valparaíso: un hospital, considerado históricamente como el más democrático del país, el Hospital “Enrique Deformes”, el lugar donde nacían los porteños, hijos de empleados, obreros, marineros, portuarios, comerciantes, profesionales, prostitutas, etc., y que fue derribado por una orden durante la dictadura, para dar cabida a la actual sede del Congreso, con la doble función, a mi entender, de crear una idea colectiva de descentralización administrativa del país, como de levantar un monumento al ideólogo y dictador de la nueva era de Chile.

Monumento en el sentido ideológico y concreto, ya que era la forma de preservar el lugar físico donde había nacido el dictador (él, nació en este recordado nosocomio), para lo cual se edifica imitando la sede de la ONU en la ciudad de Nueva York, y se ornamenta con esculturas que nada representan para la ciudad, y que, como síntoma de los nuevos tiempos, son financiadas por empresas privadas, y que con el pasar del tiempo la gente termina dándole un sentido peyorativo y burlesco (ejemplo: la escultura “Solidaridad”, se conoce hoy como el monumento al amarre de leyes y de tejidos tránsfugas de las élites político-empresariales). Sin embargo durante la edificación, la gente, empoderada por el retorno a una realidad democrática hace suyo la idea de tener un Nuevo Congreso (reflejando en este edificio, un volver a la normalidad), por lo que la construcción, pasa de ser una imposición, a un ideal colectivo, lo que provoca incluso manifestaciones ciudadanas contra el dictador durante la construcción del edificio y es, a contar de ahí, que se empieza a tomar como un espacio para el cuerpo ciudadano. Sin embargo el tiempo, la cotidianeidad y fundamentalmente la actitud de la elite política, termina por segregar y separar a la gente de esta edificación, quedando ella, como una isla de inutilidad y de contra-monumentalidad respecto a la ciudad, una obra que nada le aporta, ni le identifica, y que se convierte en la imagen del desprecio centralista hacia la única ciudad patrimonial del país, creando una ciudad que pareciese habitar en épocas distintas, la de su gloria pasada y la de un presente sin identidad.

Autor: Aurelio Donoso Páez, Valparaíso, Chile

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